Tratado de Sphaera y Lapidario

    El manuscrito 1197 de la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, tiene 326 páginas, está escrito íntegramente en castellano y es del s. XVI. Sus dimensiones son de 28 x 42 cms., la encuadernación es en piel estrezada, con cinco nervios en el lomo y sin tejuelo, con estampación en seco en las tapas. Comprende dos textos (procedentes de la corte de Alfonso X el Sabio) y ambos de carácter astrológico: el Libro de las Figuras de la Estrellas Fijas del Octavo Cielo o Libro de la Sphaera y el Lapidario.  
    El Libro de la Esfera estudia las 48 constelaciones (48 miniaturas a página entera) de la Octava Sphaera. Son los primeros 49 folios, sobre pergamino. Según la concepción tolemaica del Universo, la Tierra está en el centro de ocho esferas que la envuelven. Las siete primeras esferas están recorridas por los siete planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, el Sol y la Luna (que eran considerados planetas); dichas constelaciones se dividen en tras clases: Septentrionales, Zodiacales y Meridionales.  
    El Lapidario alfonsí son 113 folios sobre papel verjurado. Es un tratado mineralógico que estudia 360 piedras (334 miniaturas), 13 miniaturas a página entera y 331 miniaturas, distribuidas en doce capítulos. En cada capítulo hay una constelación que determina las propiedades de 30 piedras, pues cada constelación posee 30 grados, siguiendo las tradiciones tolemaicas.  
     Cabe destacar la existencia de un dibujo, un retrato de muy buena factura.  
    Ofrecemos la reproducción exacta y fiel al original en una edición facsímil, numerada e irrepetible, de 995 ejemplares. Acompaña al facsímil otro volumen con los estudios.
    Es sorprendente que en el siglo XVI, con la imprenta plenamente desarrollada, dichos textos alfonsíes se escribieran a mano. La astrología tolemaica se basaba en gran parte en la observación de las estrellas y del firmamento; ello constituía el mapa del cielo que permitía la orientación nocturna en los desiertos y en los océanos. Pero en los primeros siglos de la Edad Media los occidentales olvidaron la observación del firmamento. En los manuscritos astrológicos se observa un buen conocimiento de la mitología, incorporada a la astrología, pero se olvida la observación de las estrellas.  
    En el manuscrito 1197 se conservan hermosamente coloreados algunos de los últimos testimonios de una astrología que iba a ser despojada de su carácter científico a finales del siglo XVI y en el siglo XVII por Galileo y Newton.

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